Los artistas son una especie autóctona de las redes sociales que busca conectar con el público a través de las emociones o el intelecto y cautivarlo con su mundo interior y su visión particular de las cosas. Las redes son un lugar en el que todo es aparentemente posible y aparentemente sencillo, al menos en primera instancia.

Todos queremos que nuestro trabajo sea visible y poder compartirlo con los demás nos hace felices. La posibilidad a nuestro alcance de compartirlo desde la comodidad de nuestro estudio o de nuestro hogar o desde cualquier sitio que nos plazca nos hace cómodos y perezosos, sin embargo la obra es un objeto concebido para presenciarse en primera persona y al compartirla de ese modo estamos pagando un alto precio en ocasiones sin saberlo. Indudablemente las oportunidades que nos ofrecen las plataformas son de un valor que compensa dicha pérdida, en ocasiones con creces, sin embargo nos topamos de frente con el nivel de sofisticación del mercado, o lo que en las plataformas comúnmente denominamos «El Algoritmo».

Esto quiere decir que a medida que vamos copando las redes con contenido cada vez hay más y más artistas (el exceso de confianza en las plataformas genera inflación), todos somos artistas, todos somos fotógrafos todos somos actores etcétera y las plataformas dan la misma visibilidad a todos por igual, sin embargo llega un momento en el cual por pura física es imposible ofrecer a todos la misma visibilidad, en ese momento oímos hablar por primera vez de » el algoritmo», la red se hace más compleja y el embudo más pequeño supeditando a los creadores de contenido a «cumplir con ciertas normas». En este punto todos tratamos en primera instancia de adaptarnos a las nuevas reglas del juego, sin embargo estas nuevas reglas consumen mucho tiempo y quebraderos de cabeza y cambian con cierta periodicidad a medida que la plataforma se sofistica.

Pienso, y esta es una apreciación personal, que la comunicación forma parte de la mitad del trabajo que cualquier artista debe hacer, sin comunicación no existe la obra. Es importante alcanzar un punto de equilibrio entre ambas, si nos volcamos en el aspecto comunicativo la obra pierde sustancia y sentido, y en el caso de Instagram sucede algo interesante: comenzamos a repetirnos hasta el vómito y dejamos de probar cosas nuevas, en realidad posteamos pero no avanzamos hacia ningún sitio, queremos crear un estilo personal (marca que poder venderle a otros) y nos quedamos ahí, damos vueltas en círculos, hacemos stories de nuestro día a día para que las personas lo consuman rápido y con poco esfuerzo, en las artes plásticas los que mejor se adaptan, en mi opinión, son los ilustradores que viralizan a través de hacer guiños a la vida de las personas, lo que tiene más posibilidades de ser compartido por terceros. En Youtube, por ejemplo, los creadores de contenido usan el clickbait, ponen títulos insinuantes, publican cada vez más vídeos a la semana con peor contenido supeditando todo a llamar la atención del público a toda costa porque saben que es la única manera en la que podrán seguir creciendo en las plataformas ya que penalizan el «contenido no viral» y una de las mejores maneras de viralizar es postear sin parar.

De este modo entramos de lleno en la insdustria del entertainment. Llegados a este punto planteamos una cuestión: ¿Somos los artistas monos de feria?, ¿estamos aquí para entretener y nada más que para entretener?. La respuesta es sí, desde el punto de vista del egocentrismo que vive en lo más hondo de nosotros (en el fondo nos encanta llamar la atención), y la respuesta es “no” desde el punto de vista de que tenemos muchísimo más que ofrecer a la sociedad a parte de nuestra propia persona o imagen. Es una  pregunta algo complicada de responder ya que muchos de nosotros conseguimos ingresos de eventos dedicados al ocio, creo que es importante no obsesionarse con crecer a toda costa, al fin y al cabo si lo que uno hace es verdadero y viene del corazón acaba llegando antes o después a donde tiene que llegar.

En este momento de la historia las vanguardias artísticas se han mezclado  mediante la globalización de internet convirtiéndose en una galería mundial comisariada por una operación matemática.

El otro día, hablando con una persona muy interesante, me comentaba que la idea fundamental es trabajar para las marcas pero que en cada trabajo que hagamos seamos capaces de conservar nuestro estilo alcanzando un equilibrio entre los intereses del cliente y los propios.

 Con las redes sociales alcanzamos la democratización del arte, lo cual es muy positivo, y a medida que la inflación virtual hace su efecto devaluando psicológicamente la propia obra sucede algo muy interesante, se confronta la idea de:

El arte como un objeto divino y único con un valor en ocasiones desmesurado debido a que algunos artistas viven con el chip antiguo de artista tocado por la mano divina (si los demás ven el proceso de la obra o «su truco» la obra pierde el valor místico ).

-El arte como producto y la democratización de los precios: El arte mundano y el arte para todos, ideas contrapuestas que chocan brutalmente en las mentes de muchos artistas.

Personalmente pienso que hay obras que pueden ser para cualquiera, y obras que no son para casi nadie, como sucede con cualquier producto, la diferencia radica en que la ambigüedad que tiene el arte le permite hacer acto de presencia utilizando distintas máscaras, mostrándose de este modo como objeto decorativo, objeto intelectual , objeto especulativo , objeto funcional ,objeto cultural etcétera.

Espero que os haya gustado el paisaje!

Fdo:DLargo