D . L ▲R G O

El arte es cultura, y como cultura es un producto social, un producto intelectual de personas para personas. Como en todo lo que hacemos en nuestra vida nos fijamos en lo que debería ser y no es, en la imagen que proyecta lo que hacemos y en la valoración subjetiva que los demás hacen de nuestro trabajo. Es curioso porque últimamente pienso mucho en el proceso de la obra, en la ejecución de una obra, y es que incluso en ese acto de aparente «amor» pretendemos cosas, pretendemos ser, y eso genera frustración en nosotros. Queremos que nuestra obra sea increíble, que nadie haya visto nunca nada parecido, que sea algo único y especial, y como suele suceder las personas comparan nuestra obra con algo y eso nos desilusiona. Queremos que nuestra obra sea conocida, y si lo pensamos a fondo, en realidad solo queremos eso porque nos pensamos que es mejor que la de otras personas, lo cual además de falso en términos generales es ingenuo.

Queremos que nuestra obra signifique algo para los demás, cuando realmente a los demás no les interesamos y el mensaje nunca llega tal cual lo planteamos ya que es filtrado por el embudo de la subjetividad de cada uno.

Ser y hacer son lo mismo, pero lo separamos por la disonancia cognitiva producto de nuestras expectativas y creencias erróneas, son intentos de ser lo que ya somos y no nos damos cuenta.

Sé que desde mi punto de vista particular y trabajando las horas necesarias puedo crear algo original, sin embargo a la hora de crearlo también soy consciente de que el propio proceso de buscar eso me está restando la libertad necesaria para ser original en mayúsculas, que en realidad es el objetivo por el que creo arte, para sentir libertad.

Por un lado queremos ser libres utilizando la creatividad, pero sin embargo caemos constantemente en la repetición de patrones inventados por nosotros mismos con el objetivo de fomentar lo que nos hace distintos, ¿no os parece contradictorio? ¿Queremos ser distintos o queremos ser libres? ¿Se puede ser distinto y libre al mismo tiempo?.

Recuerdo que dejé de pintar graffiti porque me aburría y me desgastaba la competitividad tanta competitividad, pensé que en el arte las cosas funcionarían de otro modo, sin embargo me di cuenta de que la competitividad seguía existiendo pero a la inversa, ahora el juego no trata de ver quien llega más afuera, sino de ver quien llega más adentro y por consiguiente las reglas no eran claras como las del graffiti, sino más bien complejas y abstractas, lo que genera una neblina alrededor del arte y lo hace impenetrable e incomprensible.

Hoy en día está muy vigente la moda de ser emprendedores, si no eres emprendedor no molas, veo por todas partes a gente infeliz compitiendo unos con otros ya que tienen con quién compararse, sin embargo creo que hacer arte va de recorrer un nuevo camino, un camino no comparable con nada y utilizar la intuición para crecer.

Creo que se pueden tener objetivos artísticos, pero no podemos supeditar nuestro desarrollo como seres humanos a conseguirlo ni obsesionarnos con los resultados.

Creo que el artista es un científico de la emoción, e investiga sensitivamente para sacar lo de que hay dentro hacia fuera, no para satisfacer la necesidad de los demás, si no para satisfacer su necesidad de belleza y comunicación consigo mismo.

Cuando uno escribe está ordenando sus pensamientos y cuando uno crea está ordenando sus sentimientos.

Vivimos en un momento de la historia en el que para sobrevivir necesitamos aportar algo práctico al mundo, sin embargo, si nos paramos a pensarlo, los artistas deben encontrar el punto de equilibrio entre satisfacer a la sociedad y satisfacerse a sí mismos ya que el trabajo que desempeñan es muy personal.

 No pienso que sea malo querer gustar, todos queremos gustar, sin embargo no hay que confundir gustar con complacer, no pienso que los artistas estén aquí para complacer a nadie, a través de sus actos indirectamente hacen pensar, sentir y gozar que es la forma perfecta de persuasión, todos hemos venido a este mundo para seducir a la vida.

No creo que ninguna de estas tareas sea más importante que otra, en el equilibrio está la virtud.

Dicen que los artistas tienen el ego muy grande, al fin y al cabo se dedican a dar de comer a aquella parte de sí mismos que los hace tan peculiares, sin embargo yo no creo eso, creo más bien qué hacen lo que hacen para ver si son capaces de hacerlo porque lo tienen idealizado.

Me he dado cuenta de un nexo que tienen todos en común, y pondría la mano en el fuego por esto que estoy a punto de decir, estoy seguro al 99% de que todos los artistas tienen una capacidad de frustración enorme, aceptan los fallos cometidos y no se martirizan, siempre van hacia adelante ,nunca se quedan atascados.

Otra cualidad muy bonita que percibo es la flexibilidad en la vida, no son rígidos, dejan que las cosas sucedan y no interponen sus miedos en el camino, de este modo todo llega y todo vuelve a su cauce de manera natural y sin dramas.

Es un placer teneros una vez más en mi mente, espero que os haya gustado el paisaje.

Fdo:DLargo


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