Era una noche de verano y una humedad asfixiante pegaba la ropa a mi cuerpo, salía una vez más a pintar. Como ya venía a ser costumbre para mí subí a lomos de mi BMX, una bici que jamás usé para el menester que la deparaba pero que como por aquel entonces a todos los raperos nos molaba iba con ella a todas partes.

 La mochila a la espalda llena de sprays, la cámara manchada de pintura y un móvil con tan pocos megapíxeles que no me permitía hacer fotos de noche.

Comencé la marcha.

Esta vez me tocaría irme más lejos de la cuenta ya que había pintado tanto por todas partes que la única manera de no parecer pesado era irme a 10 15 km de mi zona.

Llegué a una playa que conocía bien.

Bajé la cuesta a toda velocidad y escuché a una pareja haciendo manitas en una perfecta zona de coito, por supuesto yo no era quién para interrumpir, me alejé tomando nota de que no estaba solo. El sitio que había elegido para pintar estaba en la misma entrada a la playa y daba a un hotel a pie de calle. Por si fuera poco el muro estaba ya repleto por lo que para no pisar las obras de otras personas tuve que ingeniármelas para pintar por encima de ellas. Traté de ponerme de pie sobre el sillín de mi BMX para llegar, pero no fue el caso, tenía que encontrar algo a mí alrededor que me sirviera para auparme. Entre tanto la pareja se acercó con ingenuidad y pasaron cerca de mí mirándome extraño, paseaban dirección al hotel.

Miré a mí alrededor y afortunadamente vi unos cubos de basura verdes al otro lado de la calle. Cogí la bici y la dejé escondida entre unos matorrales, empecé a empujar el cubo al otro lado hasta llegar al muro, lo situé enfrente de él y al ver que no podía subirme a la tapa regrese a por mí bici para utilizarla a modo de escalera. Cuando estaba entre los matorrales apareció el camión de la basura, me agaché como un zorro,

 los tipos bajaron del camión con su característico casco de bici y comenzaron a vaciar los cubos, ¡se dieron cuenta de que faltaba uno! rápidamente lo localizaron y se miraron incrédulos el uno al otro pero no le dieron mayor importancia y lo volvieron a depositar en su lugar y siguieron su marcha.

Entretanto yo salí de mi escondrijo y volví a agarrar el cubo de basura para retomar la acción, lo dejé en su sitio, cogí la bici subí sobre el sillín para saltar a la tapa y comencé a pintar.

Tracé las letras una por una, el sudor que me caía por la frente no era normal, no paraba de mirar paranoico a todas partes, la bolsa de plástico en una mano y el spray en la otra. Al rato pasaron otras dos personas que salían de la playa y yo ahí subido pintando como un mono, intercambiamos miradas extrañas, era incapaz de ocultar lo que estaba haciendo y era tan obvio que no me moleste en parar. Pasados unos 20 minutos terminé mi obra, bajé del cubo y me monté en mi flamante corcel. Me dirigí recto a la playa arrastrando la bici por la arena ya que sobre esa superficie no podía montar, llegué a los clásicos wáteres portátiles para dejar mi firma en ellos en color blanco, y al darme la vuelta la calma se detuvo. Una figura extraña asomó por detrás de las dunas, era un tipo enorme.

Se dirigía directo a mí con paso amenazante, por su manera de moverse sabía que estaba metido en serios problemas, cuando estuvo lo suficientemente cerca comenzó a gritarme improperios en alemán, aquel tipo quería matarme.

No sabía si iba en serio o simplemente estaba borracho, el caso es que me fui alejando de él en dirección a la orilla, mala elección.

Comenzó a correr hacia mí, y yo presa del pánico trate de subirme a la bici para escapar rápido, no tardé en darme cuenta de que eso no era posible por la arena y comencé a arrastrar con fuerza la bici hacia la orilla con 15 kg de pintura a la espalda. El tipo estaba cada vez más cerca, quería reventarme, de veras pensé que me iba a coger.

Tras unos angustiosos segundos me acerque lo suficiente a la orilla como para tocar tierra compacta y mientras corría pegué un salto sobre el sillín ,la mochila se me descolgó de un hombro, le tenía unos 3 metros de distancia. Pedaleé con todas mis fuerzas y mire hacia atrás, me estaba alejando por momentos.

Olvidé dirigir la vista al frente y en una milésima de segundo una ola me golpeó mojándome toda la pierna izquierda y las zapatillas de agua salada, Madre de Dios!!! Dónde me he metido, pensé.

En ese mismo instante me crucé con el tractor que redistribuye con un rastrillo la tierra de las playas por la noche y le rebaso cómo alma que lleva el diablo mientras me alumbra con sus potentes focos, sigo a tope a tope a tope, la única manera de salir de la playa es subir una enorme escalera de piedra, brinco de la bici con la lengua fuera y me la subo al hombro haciendo acopio de toda mi fuerza para subir los escalones en tiempo récord, me giro y veo que el gigante se ha parado a hablar con el del tractor. Huyo y me recuesto detrás de un coche.

Al rato pasa un coche de policía con las luces apagadas por detrás del coche en el que estoy oculto, en ese momento sí que la he c***** de verdad, me buscan.

Vuelve a pasar otro coche de policía en dirección contraria y sé que mi refugio ya no es seguro. Cojo la bici y comienzo a pedalear callejeando por calles angostas, parándome en cada cruce, en cada esquina, vigilando la zona. Encuentro un camino de tierra que atraviesa por unas obras y veo el momento de escapar de aquel lugar desconocido, cuando,para mi sorpresa y disgusto vuelvo a mirar atrás y veo al mismo tipo enorme montado en una bicicleta de montaña detrás de mí!!!, salgo pedaleando a todo lo que da la BMX que no tiene marchas y me meto por un camino de tierra que atraviesa unas obras para ver si lo despisto pero el tío me sigue y aumenta una vez más la velocidad.

Vuelvo a temer por mí integridad.

Sudando a chorros con la cara roja y un sabor a sangre en la garganta , vuelvo a mirar atrás, me estoy ahogando, me da miedo que me coja, no me creo que esto me esté pasando a mí, salgo derrapando de las obras y hago un quiebre a la izquierda y veo la puerta de una urbanización, salto del sillín en marcha cojo la bici y la lanzó por encima de la verja con todas mis fuerzas y me tiro al otro lado de la puerta cayendo de cabeza sobre el suelo de granito, consigo esconderme en lo más oscuro y me maldigo a mí mismo por hacer lo que estoy haciendo, aquella noche me había cruzado con el tipo equivocado.

Jadeante y sin aliento, estoy abatido, no sé dónde está el tío, sé que sigo vivo y así debo mantenerme.


Cuando consigo recomponerme vuelvo a subir a la bici para salir de aquel lugar, me doy cuenta de que la única manera de volver a casa es volver por donde he venido ya que al parecer solo hay una entrada que a su vez hace de salida para toda una misma zona, de momento me entran ganas de llorar, no sé por qué estoy haciendo esto. Mi mente me juega malas pasadas, los pensamientos de victoria y de derrota comienzan una lucha constante, a estas alturas estoy mentalmente abatido.

 Sigo mi camino, poco a poco, vigilo las esquinas, no hay prisa , me recuerdo que el objetivo es salir vivo de allí. Pasado una hora  encuentro la salida de aquel laberinto de ladrillos y comienzo a pedalear a un lado de la carretera con los ojos como platos observando cada coche que pasa, incluso ocultándome de las mismísimas farolas, sé que puedo hacerlo. Me cruzo con una máquina de bebidas en mitad de la nada, rasco en mi bolsillo y no me lo creo, tenía 1,05 €, le di una patada a la máquina y salió una botella de agua, me la bebí entera de un trago, me estaba muriendo, creo no haber tenido tanta sed en mi vida,

Me hecho el restante por la cara que me sientan como la gloria.

Mis músculos tiritan del sobreesfuerzo.

consigo dar las últimas pedaladas y llegar a casa, aparco la bici y voy directo a la nevera dónde cojo el brik de leche y me lo llevo a la boca como un animal para pegarle cuatro tragos largos, y en ese momento, mientras me alumbraba la luz de la nevera en lo que quedaba de oscuridad a las 6 de la mañana, me acuerdo perfectamente que pensé que no tenía ni idea de cómo había logrado llegar a mi casa  ileso, se me ponen los pelos de punta mientras la ropa se acartonaba pegada a mi cuerpo.

A los días siguientes fui a visitar mi obra a pleno día, lucía majestuosa con los rayos del sol a la vista de todos, definitivamente aquella locura había merecido la pena.

Fdo DLargo