D . L ▲R G O

La que os voy a contar fue una noche extraña y para mí en particular bastante mística y difícil de olvidar.

Había un chico que firmaba con el seudónimo de D , D se había convertido rápidamente en uno de los escritores de graffiti más reputados en mi entorno, tenía piezas por todas partes, casi nadie sabía quién era y además cada vez pintaba con gente más famosa dentro del mundillo. Durante todos los años que he estado pintando he conocido a personas de todo tipo y he de admitir que D tenía algo, no sé exactamente el qué, pero tenía algo que me llamaba la atención.

Un día estaba con mis amigos en un Burger King de mi zona dando una vuelta, cuando sonó mi teléfono. Lo cogí y era un número desconocido, por algún extraño motivo decidí descolgar y al otro lado de la línea sonó una voz desconocida para mí.

Era D, me dijo que S le había dado mi número y que si quería pintar un tren con él esa misma noche.

Dentro de mi cabeza comenzaron a estallar fuegos artificiales, aquella llamada era música para mis oídos!!

 Yo no conocía a D, jamás le había visto, pero su voz parecía la de alguien confiado, alguien que sabía cómo hacer las cosas.

Sin pensarlo dos veces fui en dirección a casa a por mi coche, subí a lomos de mi caballo de guerra y recoloqué bien la foto de un indio que tenía en el parabrisas a modo de amuleto.

Llegué a un barrio que no conocía y dejé el coche donde buenamente pude esperando a que D hiciera acto de presencia.

Le di un toque y ,pasados unos minutos de suspense, asomó el hocico entre las sombrías columnas de unos bloques llenos de firmas, iba él solo, directo a mi coche, abrió la puerta y se montó.

Recuerdo que llevaba una sudadera con capucha cubierta por un plumas gris,unos vaqueros y unas botas de montaña, tenía el pelo corto y la cara alargada, era un auténtico ratón de ciudad.

No me miraba a los ojos mientras hablaba, parece que estubiera atento a muchas cosas al mismo tiempo  aunque allí no hubiera nadie,miraba constantemente por el retrovisor.

Puede que por aquel lugar ya se la tuvieran jurada por todos los destrozos que había hecho y sabía que si le pillaban era hombre muerto, tenían fotos suyas y querían cazarle.

Puede que fuese eso o simplemente otras cosas más oscuras referidas a su vida que yo desconocía.

D se dirigió a mí y me dijo:

-Hermano tira para adelante que yo te digo dónde aparcar.

Recuerdo que en una ocasión S me contó que D tenía una capacidad qué pocas personas poseían, tenía un tipo de hipermetropía poco común que le permitía ver los objetos cercanos bien pero ver los objetos lejanos todavía mejor,  digamos que tenía una vista privilegiada, veía mejor que nadie que conociera  y solía percatarse pronto del peligro, lo que lo convertía en un “grafitero con altas capacidades”.

Pasados 10 minutos llegamos a una calle cortada, lugar en el qué tras mucho maniobrar logré aparcar el coche justo al final de la misma.

Salimos y hacía un frío de locos, aparentemente nadie se había percatado de nuestra llegada. D me dijo que dejáramos la pintura en el coche y fuéramos a echar un ojo, asentí con un gesto y cerré con llave.

No paraba de mirar a todas partes, callejeaba y observaba inquieto al doblar la esquina de cada edificio, yo le seguía.

Miré sus botas con incredulidad y respeto, jamás había visto a ningún grafitero que las llevará para pintar, aquello era el next level.

Tras andar unos minutos divisamos el tren a lo lejos, las vías pasaban por encima de la carretera por lo que el tren estaba situado sobre una colina , subido a un gran montículo a la vista de todos, su interior desprendía una luz cálida, como si dentro escondiese un gran tesoro, el caldero de monedas de oro del final del arcoíris.

Observamos durante unos minutos aquella maravilla de la naturaleza mientras nuestros intrépidos cuerpos desprendían vaho ocultos tras las columnas de unos soportales.

En ese instante D dirigió su mirada a mí, y señaló con su mano izquierda la cabina del conductor.

-Ves eso hermano? en cuanto salga de la cabina y vaya hasta el final vamos a por la pintura y abrimos la valla.

Pareciera que fuese capaz de ver a través del metal, como si de rayos X se tratara.

Acto seguido sacó su móvil y me enseñó fotos de sus piezas en aquel lugar para aportarme más seguridad en lo que estábamos a punto de hacer.

Me enseño una foto en la que aparecía ese mismo vagón pintado con su nombre de arriba abajo y a rodillo, él solo.

Todo estaba medido, nada escapaba a su brillante intelecto. Por aquel entonces no conocía a nadie que hubiera realizado tamaña hazaña, y menos aún él solo. Pensé para mis adentros:

+Este tipo tiene coraje. Y no hay nada por lo que sienta más respeto que por las personas que son valientes de verdad.

Hipnotizado por su embrujo tomé buena nota de cada una de sus palabras.

El tren en lo alto de la colina estaba protegido por una alambrada de 2 metros de altura, y toda la escena se situaba en la parte trasera de un edificio gigante de pisos, a su vez protegido por más vallas. De modo que sí algún vecino se despertaba nos vería rápidamente pintando en aquel lugar tan indiscreto.

Pasada una hora vimos al conductor cerrar la puerta y apagar las luces, fuimos a por la pintura.

Al regresar habían encendido las luces de nuevo, y no sabíamos si el conductor estaba dentro o fuera. Decidimos saltar la valla de la urbanización, estaba medio caída y la sorteamos fácilmente.

Nos quedamos ocultos tras una tapia cómo lobos hambrientos, observando, atentos a cada movimiento, cada ventana, cada luz, cada sonido.

La luna brillaba intensamente, salivábamos.

Comencé a sentir el cosquilleo de “el animal” poseyéndome una vez más, mientras

D escrutaba la realidad con su ojo clínico, cada lugar al que dirigía la vista era un dato, una cifra en su cerebro.

Observé las ventanas del edificio, todo el mundo dormía, la noche era nuestra y de nadie más.

Al rato, vimos a una mujer de la limpieza pasando la fregona por el pasillo del tren, miramos a los lados y cogimos cada uno nuestra bolsa de pintura instintivamente, casi de manera simultánea, llegamos a la parte superior de la colina delimitada por la valla.

Nos encontrábamos a unos 6 metros del nivel del suelo, se nos veía desde dos carreteras distintas y desde el edificio de pisos, justo en ese momento la mujer se puso a pasar la fregona delante nuestra a unos 2 metros de distancia.

Nos quedamos agachados en el suelo observándola desde fuera, en la noche. Iba con los auriculares puestos disfrutando de ese momento de paz consigo misma, completamente ajena a lo que estaba a punto de suceder.

En ese instante dejé la pintura en el suelo y saqué las llaves del coche para meterlas por la parte de abajo de la valla y comencé a hacer el agujero por el que pasaríamos sin quitarle los ojos de encima.

Mientras ,D dirigió la vista a la carretera y me dijo:

– Si ves un Citroën blanco “son ellos” (la policía), estate atento.

Acordamos hacernos las piezas bajitas para no pintar los cristales y que de este modo no nos descubriera la inquilina y avisara a la ley.

Cuando estaba a punto de abrir la valla algo hizo click en mi interior y “el animal “se apoderó de mí, estábamos nerviosos como 2 perros de pelea a punto de saltar al ring, comenzamos a jadear y agudizamos al máximo los sentidos.

ENTRAMOS.

Nos pusimos uno al lado del otro y comenzamos a rellenar.

Me resbalaba con las piedras y cada cierto tiempo tenía que sujetarme sobre el metal frio para tener un punto de apoyo, aquello eran 2 depredadores abalanzándose sobre un ciervo.

Las chispas volvían a emanar de mis manos como magia, era mi superpoder. ALTEREGO.Jekyll y Mr Hyde.

Terminé de rellenar, fui a por el color negro para trazar, y ,de pronto, el espacio y el tiempo se detuvieron y quedaron suspendidos en la nada.

D paro su actividad y me dijo en un tono terrorífico y lleno de angustia, dirigiendo su mirada a la carretera:

-ESTÁN AQUÍ, SON ELLOS.

Un silencio terrible se apoderó de la escena.

El coche blanco estaba parado en mitad de la carretera, D se quedó quieto, no movió un parpado.

-Es un Citroën? SI SON ELLOS.

Mi cuerpo quedó congelado como los mamuts, miramos al peligro cara a cara, un oso grizzly de 300 kilos venía a por nosotros, el sudor frío se apoderó de mí, las manos me temblaban.

Dejamos todo tirado y salimos gateando por el agujero, EL COCHE SE ENCENDIÓ Y PEGÓ UN ACELERÓN FUERTE.

D bajo por la colina arrastrando el culo por el suelo como un tobogán, casi caímos rodando, salte la verja la urbanización y mi pantalón quedó enganchado, pegué un tirón brutal.

Corríamos a todo lo que el cuerpo humano da, teníamos que llegar al coche como fuera.

Estaba enfermo y tenía la garganta hinchada, comencé a asfixiarme en plena huida.

D me adelantó a toda velocidad y me dijo:

  • CORRE JODER CORRE, YA ESTÁN AQUÍ.

Estas palabras retumbaron dentro de mí como cuando en la película de la historia interminable el mundo comienza a desvanecerse y a sumirse en las tinieblas, todo el mundo huía del desastre. Un monstruo enorme se acercaba.

Empecé a vomitar mientras corría.

Con la cara ladeada para evitar que me cayese encima, mi cuerpo al límite.

D tomó la delantera, y unos segundos antes de que llegase a mi coche saque la llave y abrí.

Justo en ese momento por la entrada de la calle cortada apareció un coche de Prosegur pegando un derrape y alumbrándonos, D acaba de abrir la puerta de mi coche dijo:

-SON ELLOS JODER.

Hizo un quiebre hacia la izquierda y salió disparado como una bala.

A punto de la asfixia llegué a mi coche y me oculté tras él como si de un tiroteo se tratara. No tenía escapatoria. Podía ver las luces del coche de seguridad atravesando impasiblemente las ventanas del mío.

Rápidamente el coche dio marcha atrás casi estampándose con una señal de tráfico y pegó de nuevo un acelerón para ir a por D.

Salí de allí medio corriendo medio cojeando de la asfixia dejando el coche abierto en un acto reflejo. Salté la verja de una urbanización y me quedé tumbado en el césped pegado a la hiedra para que no me vieran. Necesitaba respirar, carraspeaba, tenía la garganta al rojo vivo y la ropa se me pegaba a la piel debido al sudor.

Cuando logré recuperar el aliento salí de allí cubierto en un manto de sombras, modo Drácula, capa de invisibilidad, 0 ruido.

Sabía que andaban cerca pero no sabía dónde. Pasadas unas horas volví a mi coche, y al ver que no había nadie decidí esperar dentro, no podía moverlo, estaba todo vigilado.

Al rato me había quedado dormido, me despertó una llamada de D, se lo cogí somnoliento, me dijo que le habían perseguido con un Jeep por el campo, que había venido la policía y que había conseguido huir porque estaba todo lleno de zanjas y no podían seguirle con el coche por ahí. Zorro astuto.

Me preguntó si podía ir a por él y asentí, encendí el coche y busqué a alguien que me pudiera indicar la dirección. Encontré afortunadamente un lugar en el que aparcaban los camiones de la limpieza y entre para preguntar a los barrenderos, uno de ellos se bajó del camión con incredulidad y me indicó la dirección. Me observaba con desconfianza.

Cómo tardé bastante volví a llamarme y me dijo que si no iba ya a buscarle llamaría a su madre para que fuese a por él.

Eran las 5 de la mañana, en ese momento perdí mi respeto hacia él, fue como un choque de trenes entre lo que yo pensaba de él y la realidad, me parecía indigno hacerle eso a una madre.

Aun así fui a por él y lo dejé en casa, no volví a verle con los mismos ojos.

Quizás algún día os cuente más anécdotas con D, un personaje curioso sin duda.

Fdo: Dlargo


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Mi nombre es Pablo, primero decir que es un placer formar parte de este colectivo y poder ayudar a que esto crezca.   Soy artista, pero no sabría muy bien en que campo definirme ya que realizo obras con diversos medios y técnicas, (dibujo, pintura, graffiti, diseño gráfico, fotografía…) por lo que diría que soy […]

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