Diego Perret



Habeis escuchado alguna vez: “Esta es la historia de un hombre que cae desde un edificio de 50 pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío, no para de decirse: Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien…pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje”.
Esta frase pertenece a la película francesa “La Haine” (El Odio) de Mathieu Kassovitz que, galardonada con 5 premios, refleja la cruda realidad de los barrios periféricos parisinos en los años 90.

 

La película transcurre en tan solo 24 horas, y muestra la vida de 3 jóvenes parisinos, después de una noche de revueltas con el cuerpo policial francés en la que un amigo de los 3 protagonistas ha recibido un disparo de un policía. A partir de ahí, la película aborda sobretodo un tema: el odio y como el odio engendra solo más odio.

 

 

Para este “film”, Kassovitz escogió a tres personajes principales, que siendo muy diferentes entre ellos, son muy buenos amigos.

 

Entre los tres chicos, está el judío, Vincent. Seguro que reconocéis esta foto. Vinz es es el más violento y agresivo de los protagonistas y el odio que le carcome por dentro durante toda la película le lleva a entrar constantemente en conflicto con las autoridades.

“-Yo no fuí a la escuela. Soy de la calle, y en la calle te enseñan que si pones la otra mejilla te dan por el culo”.

 

 

Saïd, el más jóven de los tres, es un árabe tirado por la delincuencia juvenil y acompaña a Vinz en todo lo que hace pero que a la hora de la verdad no tiene las ideas claras y no es capaz de tomar decisiones por si mismo.

 

 

Por útimo, está el Africano Hubert, que, como boxeador, defiende unos valores y rehuye la violencia a la que Vinz les somete. El gran contraste de estos dos conduce a los tres amigos a una serie de conflictos.

 

 

(Extracto de diálogo entre Hubert y Vinz de como pensaba cada uno)
“Hubert: ¿vas a matar a un madero?
Vinz: ¿crees que hay otra forma de hacerse respetar?
Hubert: ¿y cargándote a un policía conseguirás respeto? Te meterás en un lío.”

 

 

De esta manera Kassovitz nos enseña, en blanco y negro, la poca importancia que tienen las razas cuando se trata de los suburbios más pobres y marginados de Paris, y la violencia policial a la que están sometidos sus habitantes. De hecho, fue la muerte de un joven árabe de 17 años (Makomé), que fue disparado por la policía durante un interrogatorio, lo que motivó al director a escribir esta película y reflejar el día a día de estos barrios.

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