Carlos Acebes



Tendremos que remontarnos a la década de los 60 para ver como inició este arte. A diferencia de como muchos creen, el graffiti nació en Philadelphia, y no en Nueva York. Los últimos estudios apuntan a que un joven llamado Darryl McCray comenzó a usar su apodo “Cornbread” firmando en las paredes -lo que se conocería como tags- a modo de reivindicación identificativa personal y social sobre la situación de los afroamericanos, muy oprimidos en aquella época. Gracias a él, más jóvenes entendieron esto como una forma de hacerse ver y oír y las calles de Philadelphia, que se fueron llenando de firmas por todas partes.

 

 

En Nueva York la escena era parecida, los jóvenes buscaban de igual manera hacerse ver y oír, y sería aquí donde el graffiti comenzaría a evolucionar notablemente. Todos apuntan a Taki 183 como el primero en la escena del graffiti en Nueva York y es cierto que Taki fue el protagonista del artículo publicado en el New York Times en 1971 que provocó la explosión inicial del graffiti, pero estaba lejos de ser un pionero solitario. Era uno de muchos niños y adolescentes que en esos años comenzaban a dar forma a la práctica de esta expresión artística. Nueva York era un lienzo en blanco enorme para estos jóvenes que querían expresarse. Así las calles, carteles y metros se inundaron de piezas cada vez más elaboradas a partir de los años 70 hasta lo que conocemos hoy día.

 

 

Pero el graffiti no es algo tan joven, ya que podríamos ver en las pinturas rupestres la naturaleza innata en el ser humano de dejar huella de una forma u otra. E incluso podríamos transportarnos a la época romántica donde los románticos tenían la costumbre de grabar sus nombres en los remotos monumentos que visitaban, y parece que algunos personajes de la época destacaban por propagar su identidad más veces y más lejos: no faltan muestras de firmas de Lord Byron grabadas en monumentos de Europa. Aunque el más notable sería Joseph Kyselak, un funcionario vienés, quien era también aventurero, escalador, viajero, entre otras muchas cosas y que vivió durante el imperio Austrohúngaro entre 1799 y 1931. Cuentan que durante sus viajes se dedicó a poner su nombre en los principales lugares, puentes, iglesias, castillos, piedras del camino, hostales, edificios oficiales, hospitales, en las cimas de montañas,… con la ayuda de pinturas, pinceles y cinceles. Convirtiéndose así en el primer graffitero conocido.

 

 

Para terminar queremos compartir con vosotros este documental llamado “Bomb It”, que nos introduce de lleno en la historia y los origenes del graffiti.

 

 

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