Cuando Phoebe Hunter tenía unos 10 años, acompañó a su hermano mientras se tatuaba. Allí, vio «qué geniales eran los tatuajes» y le interesó la práctica. No sería hasta muchos años después -y estudios en veterinaria y psicología- que se convirtió en aprendiz en el Seventh Day Studio en Auckland. Las líneas delicadas y las imágenes surrealistas definen su trabajo reciente, celebran tanto el cuerpo humano como su fusión con la flora. Un arte surrealista y enigmático que da gusto ver.