D . L ▲R G O

Aquel día estaba muy emocionado porque tenía la intención de pintarme un vagón de tren entero, esto era algo que no había hecho nunca antes y por supuesto tenía mis dudas, sin embargo iba acompañado de los 2 mejores, B y R, a quienes respeto y admiro muchísimo, sé que en algún momento se forjó un cariño y un amor de hermanos entre nosotros tres.

Recuerdo que íbamos andando por la calle, en la sierra, estábamos muy lejos de casa, lo que para mí en aquella época eran los confines del mundo, y de pronto vi una firma mía en blanco sobre un contenedor de basura, para mi sorpresa yo no recordaba haberla hecho, y esa fue la primera vez que de verdad pensé y me puse a reflexionar sobre todo lo que había pintado que era una absoluta barbaridad, sentí una sensación extraña.

 Se hizo la noche, y visitamos un parque de aquel pueblo dónde habíamos quedado con el hermano de B y algunos amigos suyos quienes ya habían comenzado a coquetear con las drogas, para hacer tiempo mientras esperábamos el momento de entrar a pintar sonó el móvil de B, era RO.

RO era el tío más loco y desinhibido que pudiera existir, era bajito,  moreno,  hablaba súper rápido y se reía MUY fuerte. Solía caer en la imprudencia frecuentemente y le daba igual todo con tal de pasárselo bien, era un esquizoide sociópata en mayúsculas.

Al rato entró en escena, apareció de la nada  con una camiseta blanca llena de salpicaduras de sangre (todos  íbamos en sudadera debido al frío), con los ojos como platos, la cara roja con un chichón enorme en la frente y una sonrisa maquiavélica de oreja a oreja modo joker, el cabrón iba endiablado hasta la médula.

Empezó a contarnos que acababa de pelearse con un tipo  y que le había reventado una botella en la cabeza mientras se reía demoniacamente, parecía  un gremlin a media noche.

Recuerdo que en ese momento pensé:

– Este tío nos va a traer problemas, siempre a puñetazos con la vida…

R y yo nos miramos con descredito, parece que a B esto le parecía normal, a esas alturas de la vida tenía mucha calle hecha.

Nos dirigimos a las vías, andábamos como ratas sobre raíles, sin hacer ruido, y en ese momento RO comenzó a comportarse como un ser humano, “se puso en modo graffiti”.

Llegamos a la altura de donde se encontraban los trenes, sólo un terraplén de piedras nos separaba de nuestro objetivo. R nos dijo que había una turbina y que cuando sonase teníamos que aprovechar para bajar, de este modo el ruido de las piedras desprendiéndose quedaría camuflado, y así lo hicimos.

Llegamos abajo, el silencio era inquietante, allí estaba una vez más, rodeado de aquellos gigantes metálicos de presencia imponente, cada cual eligió donde prefería  pintar, RO se fue lejos entre trenes, y R y B se fueron juntos de frente para pintar uno de los más nuevos.

Me quedé solo, con mi bolsa de plástico y un panel enorme a mi lado, saque la pintura y comencé a rellenar una pieza que abarcaba el vagón entero, no llegaba hasta la parte de arriba así que marqué las letras  y comencé a rellenar todo lo de abajo hasta la parte superior de las ventanas.

El silencio seguía siendo estremecedor.

 B terminó y se acercó a mí, me dijo que se iba él solo a hacerse una segunda pieza a una zona que yo consideraba peligrosa.

Aquel lugar era como un laberinto de metal,había trenes colocados en todas las posiciones posibles y nunca sabías qué te podías encontrar al otro lado, era fácil entrar ,pero salir…salir era otro asunto  amigos míos.

Continué rellenando mi pieza de proporciones bíblicas, estaba confiado “como Pedro por su casa”, liando un Cristo de 1000 demonios. Miré a mi alrededor para ver si encontraba algo a lo que subirme para poder terminar la parte de arriba aunque se veían perfectamente mi nombre, encontré un tubo gigante de madera que  se utiliza en obras para llevar enrollados los cables gordos de alta tensión, fui moviéndolo hacia mi pieza cómo buenamente pude, medio rodando medio arrastrado y me subí a él, saqué un bote de pintura de color plateado, le puse el trazo más grande que existe  y seguí rellenando la parte superior del tren hasta ver como la pintura rebasaba por el techo y quedaba visiblemente espolvoreada en el aire cuando los rayos de luz cálida de las farolas lo atravesaban, parecía polvo de hadas evanescente, fue una visión absolutamente mística.

.

Instantes después la calma se deshizo y comenzó a ocurrir algo, algo no iba del todo bien.

R y RO estaban juntos y se pusieron en modo sigilo, a unos 10 metros de mí, les vi agacharse y desaparecer entre las sobras proyectadas de 2 trenes.Comencé a sentirme inquieto, no sabía si pasaba algo o simplemente trataban de ser  precavidos, lo cierto es que no me avisaron ni me hicieron ninguna señal así que seguí a lo mío.

Mi pieza era la más grande de todas, casi la tenía rellenada entera, comencé a ponerle algunos detalles y decoraciones a las letras, me bajé del tubo de madera con torpeza, me aproxime a mi bolsa rebosante de pintura para cambiar de color y cuando quise darme cuenta una figura desconocida giró la esquina justo detrás de mí.

Todo sucedió muy rápido, yo no estaba preparado, era un tipo calvo y fornido, de un metro 90 de altura con un uniforme de prosegur.

En una centésima de segundo una chispa centelleante de adrenalina salió disparada desde la parte trasera de mi cerebro hacia mis extremidades a la velocidad de la luz y activó mi cuerpo al límite. Me había convertido en un animal salvaje una vez más.

El tipo salió corriendo hacia mi dando zancadas y atravesó brutalmente el silencio de la noche con un rugido ensordecedor y gutural:

  • PERO SERÁ HIJO DE PUTA!!!!!!!!

Solté lo que tenía en las manos, me di la vuelta como un rayo y me metí por la parte de atrás del tren a una velocidad prodigiosa golpeando mi pierna derecha con un hierro, había perdido el control de mi cuerpo y de mi mente, era el todo o nada.

Intenté subir como una alimaña la cuesta de piedras y al querer hacerlo tan rápido se desprendieron y caí arrastrado hacia abajo con ellas haciendo un ruido brutal, volví a subir clavando mis uñas entre las piedras casi reptando como una lagartija lo más rápido que la anatomía humana permite y sin mirar atrás.

Arriba estaban R y RO que ya comenzaban a correr para alejarse, los alcance rápidamente y nos fuimos lo más lejos que pudimos.

Estábamos preocupados por B, no sabíamos qué había sido de él.

Teníamos un hambre de locos, hacía un frío que nos helaba los huesos y no teníamos más de 1 € en la cartera, como siempre nos lo habíamos gastado todo en pintura,eramos críos,no teniamos coche ni dinero ni nada, puede decirse que lo único que poseíamos por aquel entonces era una gran pasión que nos llevaba frecuentemente a situaciones de escasez ,dolor y hambre.

RO dijo que se iba a intentar robar algo que pudiésemos llevarnos a la boca y decidí acompañarle mientras R intentaba contactar con B.

Recuerdo que nos quedamos un rato rondando una gasolinera como buitres hambrientos, pero rápidamente R contacto con B y fuimos a su encuentro.

 Nos contó que le habían perseguido por el campo con motocross y habían dado la voz de alarma, la verdad no tengo ni idea de cómo consiguió salir de allí.

Y así es como una vez más acabamos tirados en la calle como perros de los que nadie quiere hacerse cargo, Poco nos quedaba ya por hacer asique nos dirigimos a la estación donde cogeríamos el primer tren qué pasará en dirección a casa, en busca de un refugio que al menos nos permitiese conservar algo de nuestro calor corporal. Entramos en ella y estaba iluminada como si fuese un palacio, nos acurrucamos cerca de la entrada tumbados en fila sobre el frío suelo unos al lado de otros e intentamos dormir con las manos metidas por dentro de la ropa y las capuchas puestas, con los bolsillos vacíos y el corazón lleno.

Al rato B nos despertó y subimos al andén para poder escuchar la llegada de nuestro tren, volvimos a quedarnos dormidos sobre los bancos metálicos a la intemperie, azotados por el gélido viento , siempre recuerdo con cariño el momento en el que miré detrás mía y vi a R agazapado como un bebé, vestido de negro con todo el andén iluminado en medio de la noche, eso fue pura poesía para mí .

“Mordíamos la mano que nos daba de comer”.

Recuerdo que a la mañana siguiente me desperté con un dolor bestial en la pierna, me arremangue el pantalón y tenía un corte vertical de unos 10 centímetros a la altura de la rodilla lleno de sangre coagulada, esa cicatriz me acompaña hoy día , y aunque no sea estética tiene un gran valor sentimental para mí.

Fui con R a hacer la foto de nuestras piezas al día siguiente  y al llegar al lugar estaba todo lleno de seguridad evaluando los daños y haciendo fotos justo delante de mí pieza. Esa foto es una de las muchas joyitas que el  graffiti ha dejado en mí.

Fdo: D.LARGO


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