D . L ▲R G O

Hacía tiempo que no quedaba con SK, es una persona muy agradable con la que pasar el rato, sin embargo las veces que he pintado con él he tenido problemas, puede que fuese gafe, o que atrajese las energías negativas de algún modo; siempre he sido supersticioso a la hora de pintar, sin embargo aquella noche nos vimos una vez más. Recuerdo bien que había salido de mi casa rápidamente porque se me estaba echando la hora encima, conocía bien cuál era la hora buena de pintar, como dicen en Francia ” la hora del demonio” es a medianoche, y para llegar al lugar que había mirado tardaría bastante.

Salí como un relámpago de mi casa nada más despertarme con el pijama puesto,

ya que solía echarme una pequeña siestecita aguardando a la hora clave. Tiré toda la pintura en el maletero y subí a lomos de mi caballo de guerra, tenía la guantera llena de fotos de indios americanos que mi padre había ido recopilando con los años, lo que indirectamente me hacía asemejarme mentalmente a uno de ellos, siempre me dejaba guiar por mi instinto.

 Aquel coche y yo éramos los mejores amigos, siempre recuerdo su volante lleno de pintura y ese tacto tan especial al tocar la goma corroída por los años de la palanca de cambios, siempre había estado conmigo en las huidas más salvajes, atravesando la ciudad a toda velocidad como James Dean al volante de Little Bastard, para mí era el coche más bonito y valioso del mundo.

Recuerdo que había ido a buscar a SK y de ahí habíamos tirado directamente al primer sitio. Era un lugar que ya me resultaba familiar, volvía para terminar una pieza que tenía en la carretera que no pude terminar porque se personó la policía secreta, y tuve que salir corriendo por el campo con W, pero eso es otra historia…

Mi intención era aparcar en el polígono aledaño y bajar a pintar a la carretera. Iba con SK por aquel lugar inhóspito, allí no había absolutamente nadie, manejaba lento mientras buscaba un lugar cercano en el que aparcar sin ser visto, sin embargo al cruzar una esquina comenzaron los problemas.

Vi pasar un coche de Guardia Civil delante de mí, aminoré  la marcha, pero al mirar por el retrovisor aquellas luces azules volvieron a deslumbrarme una vez más por la retaguardia, lanzando un cosquilleo hormigueante por mis brazos y piernas, algo que solía suceder habitualmente cuando me cruzaba con la policía.

Decidí hacer como que no pasaba nada, de hecho como sabía que me iban a parar decidí adelantarme a su jugada.

Paré el coche, tiré del freno de mano, y bajé de él en dirección a los 2 coches de policía que me seguían vestido de pijama.

Fue una escena de lo más estrafalaria, mi idea era jugar el factor sorpresa y preguntarles cómo se salía de aquel lugar haciéndome el longui .

Recuerdo que ni siquiera bajaron la ventanilla para atenderme, abrieron la puerta con firmeza y posaron con autoridad sus botas negras sobre el asfalto.

Tenían una linterna en la mano, hicieron caso omiso a mi pregunta y se dirigieron directos a mi coche mientras me daban a entender en tono sarcástico que no creían que me hubiese perdido. Llegaron a mi coche y alumbraron con la potente luz a SK, que se encontraba en el asiento del copiloto, quién puso cara de conejo deslumbrado por los faros de un vehículo. No pararon de hacerme preguntas incómodas esperando a que fallase en mis contestaciones, me hicieron abrir el maletero. Pensé :

-Houston tenemos un problema.

Allí había de todo, pintura de todas las marcas y colores desperdigadas por todas partes boquillas guantes mochilas y todo tipo de indicios que indicaban que obviamente iba a pintar. Por algún extraño motivo yo estaba más tranquilo de lo habitual, debe ser la seguridad que me daba vestir en pijama como si estuviese en mi casa. Empecé a lanzarles contestaciones irreveres a sus indiscretas preguntas, no paraban de decirme que iba a pintar ,y yo les contestaba con patrañas de lo más elocuentes. La conversación finalizó con una frase llena de malicia por mi parte:

-Pero cómo voy a pintar? ,¡¡No veis que estoy en pijama!!

Llegados a cierto punto sabía muy bien cómo negociar con la policía, incluso seguirles el juego y jugar agresivo con ellos, sé que algunos les gustaba porque sabían que podían llevarme al calabozo si quisiesen y eso les hacía sentir poderosos, sin embargo otro se lo tomaban como una ofensa y sentían que los menospreciaba, cosa que para nada pretendía.

Los cuatro policías se miraron entre sí, miraron mi pijama y se volvieron a mirar llegando mentalmente a la conclusión de dejarme ir.

El coche que se encontraba delante de mí se ofreció a enseñarme  la salida con cierto resentimiento. Seguí al coche de policía hasta salir del polígono y una vez fuera los otros dos coches que me seguían fueron detrás de mí cómo escoltándome por la carretera para asegurarse de que me iba bien lejos del lugar.

Nos fuimos lejos de allí para poder faenar con tranquilidad y una vez terminamos volvimos por el camino que habíamos venido. Antes de llegar a la incorporación de la autopista me paré al lado derecho de la carretera sobre una zona de tierra, momento que aproveche para “ir al baño” e hidratarme. Entretanto a SK se le ocurrió la genial idea de hacerse una firma plateada de unas dimensiones considerables sobre una lona verde que había justo al lado de mi coche.

Justo en ese momento esa frágil tensión mental que llevábamos con nosotros se rompió, paso un tipo en un Mercedes blanco por el carril contrario y se quedó mirando fijamente con indignación a SK mientras pintaba. Hizo un gesto facial que yo ya había visto muchas veces y que relacionaba con problemas serios. Inmediatamente le dije a SK que dejase lo que estaba haciendo y montarse en el coche que nos íbamos, sin embargo ya era demasiado tarde…

Un coche de policía apareció de la nada y vino hacia nosotros a  toda velocidad como si nos estuviese esperando, salió de la carretera atravesando el arcén y frenando fuerte sobre la grava, haciendo un ruido desagradable, era el rechinar de las ruedas patinando varios metros sobre el suelo antes de frenar en seco. Inmediatamente salieron dos tipos cargados de agresividad, eran los dos guardias civiles de la otra vez, yo tenía el pajarito entre mis manos e inmediatamente se me cortó la meada, incluso del nervio que me entró diría que se me metió para dentro. No pensé que esa situación fuese real, yo en pijama meando con el coche encendido y dos policías furiosos al lado, recuerdo que en ese momento quise desaparecer introduciéndome por un agujero espacio temporal, o directamente no existir. SK tenía el bote en la mano y lo tiró al lado de la rueda de mi coche.

Recuerdo a esos dos policías perfectamente, uno alto y fuerte con el pelo rizado engominado hacia atrás, parecía un torero, con una pulsera de la bandera de España, el otro era bajito y gordito con unos rasgos muy similares a Oriol Junquera, el de la Generalitat Cataluña, eran una pareja de lo más extravangante.

Recuerdo que el tipo alto saco el walkie talkie , y dijo: “los tenemos, cambio y corto” y acto seguido dio un portazo al cerrar el coche. Oriol Junquera, quien tenía mucho odio retenido hacia mí ya que le había ridiculizado antes delante de todos sus compañeros haciendo mención a mi pijama, me miró con desdén y me obligó a que pusiese todo lo que llevaba encima del capó de mi coche, volvieron a abrir mi maletero, estaba igual que la otra vez, a reventar de todo. Cogieron la lata que mi colega había tirado debajo de mi coche y el tipo gordito se puso a hacer fotos a la escena con regocijo, gonzando como si volviese a hacer el amor con alguien después de décadas, algo que probablemente hacia mucho que no ocurría. A continuación nos dijo:

+ !Ahora vais a pagar por  toooooodo lo que haya pintado aquí, por listos!

A decir verdad yo no creía nada de lo que me estaban diciendo, seguía pensando en mi mala suerte.

El torero se me acercó, mientras se encendía un cigarro, con andar vacilante y travieso, se acercó a mí y puso su cara MUY cerca de la mía examinándome mientras soltaba el humo en mi cara, quería ver el miedo en mi semblante.

Me dijo:

-Has pintado, y me vas a decir ahora mismo dónde, ¿ya no eres tan machote eh?, si fueses un hombre de verdad me lo dirías.

Dímelo, de hombre a hombre, y haré que lo que te pase no sea tan grave.

Sentía un desprecio absoluto por cómo me estaba tratando este tío, pero estaba bien jodido, así que pensé en un plan B, por supuesto negué todo lo que decía, y trate de llorar.

Por aquel entonces tenía una amiga actriz, y me acordé de un corto que me enseñó en el cual salía llorando de manera trágica y me explico cómo hacerlo, así que trate de emularlo. Me puse sobre el capó de mi coche en posición de llorar, Oriol Junquera se me acercó y me dijo:

+ ¿Ya no eres tan valiente eh? ¿Con que ahora lloras?

 Ambos me observaban con beneplácito.

No lo conseguí , ya que al concentrarme no paraban de llegarme imágenes invasivas en las que me veía a mí mismo abalanzándome sobre ellos como un depredador hambriento…

Se fueron y se llevaron mi pintura, volviendo a escoltar mi coche una vez más.

Más tarde me llegaría la carta de un juicio, que como tantas otras poblarían todos cajones de mi habitación hasta hacerlos rebosar.

Volví a casa pensando “el cazador cazado”, lo cierto es que no siempre podía ganar en todo, aprendí a aceptar las derrotas con el tiempo…


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