D . L ▲R G O



Hay momentos en el graffiti que te marcan, en los que el pánico y el horror te agarran fuerte por la espalda y te toman como rehén, momentos en los que desearías no estar haciendo lo que haces, y piensas y te planteas si realmente eres una buena persona o simplemente eres un egoico y enfermizo personaje capaz de todo con tal de poner su nombre en letras gigantes.

Hay personas a las que consideras tus amigos por las que pondrías la mano en el fuego, pero que como a ti mismo sólo les preocupa su propio nombre y te atacarán como una jauría de perros de Tántalo cuando dejes de interesarles, despedazando tu cuerpo y arrojándoselo inerte de unos a otros entre risas y chismes mientras clavan su puñal hasta lo más hondo de tu ser.

Muchos de ellos cayeron presa de las drogas hasta quedar reducidos al peso de sus pobres y delicados pensamientos, cometiendo atracos y allanamientos a temprana edad, odiando a  la vida y odiándose a sí mismos, insensibilizados por la adrenalina que obtenían de pintar y meterse en peleas.


En ese momento descubrí que había personas que pintaban por amor, y personas que amaban los problemas, lo que me sirvió para recrudecerme, madurar y no escuchar los cantos de sirena de aquellos que querían llevarme a una senda sin retorno en la que mi alma se malograría y quedaría a merced del salvajismo y la satisfacción inmediata de mis impulsos.

Aquella noche había quedado con N, recuerdo que había comenzado a pintar tras habernos acompañado a nuestras primeras misiones.

N me había hablado de un lugar que conocía a las afueras, puso su coche y junto a él y un amigo suyo ecuatoriano salimos de caza una noche más.

Hicimos tiempo en un kebab en el que tomamos una Coca-Cola mientras esperábamos a que llegasen otras dos personas más que venían con nosotros.

N recibió una llamada, nos miró y se puso en pie:

-Vamos chavales, es hora de irse.

Cogimos el coche y aparcamos en un descampado, allí aguardaba otro coche, bajo la atenta mirada de las estrellas se abrieron las puertas y salieron dos tipos vestidos de negro en ropa deportiva, uno de ellos en muletas. ¡¿EN MULETAS!?.

Mi voz interna me susurró al oído, refiriéndose al tipo de las muletas:

+Te van a pillar y vas a cantar y cuando eso suceda no tendré misericordia contigo.”Espabila chico,espabila” ,pensé para mis adentros.

Iba con una bolsa de plástico y con muletas, una escena de lo más surrealista. Nos dirigimos de camino a las vías, con una mezcla de asombro e indignación por la presencia de este personaje que nos acompañaba, a paso lento pero seguro, deteniéndonos a cada rato para que nos alcanzase, llegamos a las vías y en un instante N tomó la delantera, se dirigió a nosotros y nos dijo:

-Chavales voy a acercarme lo máximo que pueda (a los trenes) si veo que no hay nadie os llamo y os acercáis con la pintura.

Me pareció buena idea ya que yo estaba bastante perezoso y me quedé esperando con el chico ecuatoriano, el tipo de las muletas y su amigo sobre el empedrado de las vías, ocultos bajo la sombra proyectada de un puente en mitad de ninguna parte. Tras estar conversando durante 10 minutos e intentando disuadir a dicho espécimen de que se quedase vigilando en vez de pintar dirigí la mirada a mis pies y asistí a una escena que no se me olvidará jamás:

Semicubierto por la maleza había un galgo con una soga atada al cuello, petrificado, le faltaban los cuartos traseros y yacía inerte sobre aquel paraje yermo. Algún desalmado había arrebatado la vida a aquel pobre animal justo en aquel lugar sabiendo que no se cruzaría con nadie que le recriminase tamaña atrocidad. Comenzaron a llegarme flashbacks de un ser sin escrúpulos cogiendo al animal por el cuello y atándolo a un poste, esperando a que se aproximara el tren para observar con regocijo cómo aplastaba su maltrecho y desnutrido cuerpo sobre las vías, recuerdo que me entraron unas ganas tan terribles de ponerme a llorar como un crío  allí mismo que tuve que mirar rápidamente a otro lado.

No quise hacer muchos comentarios al respecto ya que no quería mostrarme débil, pero sé que aquella noche algo se me rompió por dentro, perdí la poca inocencia que tan celosamente conservaba.

Nos alejamos de aquel lugar para ocultarnos detrás de un montón de escombros mientras esperábamos. Los dos chicos hablaban pero yo estaba ausente, lo escuchaba todo como si estuviese debajo del mar, fue uno de esos momentos en los que pensaba por qué estaba yo allí, por qué me pasaba lo que me pasaba, yo solo quería pintar, no quería problemas, no quería crecer ni tener que enfrentarme a la vida, pero cada poco tiempo tenía experiencias de este tipo que me dejaban tocado unas semanas.

De pronto sonó mi móvil, era N, que como un ángel me tendía la mano para sacarme de aquel lugar oscuro en el que yo solo me había metido. Me dijo que allí no había nada que hacer, que estaba lleno de seguridad y que teníamos que salir cuanto antes. Rápidamente y sin decir nada a nadie cogí mi pintura y fui corriendo hacia el muro del puente, dónde me hice una pieza casi perdiendo el control de mi propio cuerpo a escasos metros del cadáver del animal. Pasados 5 minutos llegó N corriendo, dirigí una última mirada a aquel lugar maldito y me llevé conmigo la melancolía que en ocasiones merodea por el jardín trasero de mis recuerdos…

+ Sé que nadie se acuerda de ti, pero yo sí. Que el señor te guarde en su regazo amigo.

Me dan ganas de llorar mientras escribo esto, no sé por qué lo hago…

Fdo: D.Largo

Ilustraciones by: @ultrakints

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