D . L ▲R G O

El otro día una compañera me contó una historia que me hizo recordar uno de los episodios de mi vida que pudieron resultar fatales.

De algún modo siempre me he considerado un tipo con suerte, he pasado mucho tiempo metido en agujeros angostos, saltando alambres de espino y entrando a lugares a los que por supuesto no había sido invitado.

 La muerte me rondaba cada noche y me acariciaba la nuca con su gélido aliento.

A veces dudo si realmente amaba pintar o simplemente tenía miedo a morir y que nadie se acordara de mí.

Cuándo falleció mi abuelo comenzó a gestarse en mi interior una espiral de autodestrucción a la que comencé cuidando y alimentando sin darme cuenta como a un adorable gatito que te encuentras en la calle, y con el paso de los años el gatito se convirtió en tigre feroz y yo en su esclavo.

Había entrado en lo oscuro y no sabía cómo salir de allí, no sentía compasión por nada ni nadie, pintar era lo único que me hacía sentir la vida de verdad.

Aquel día había quedado con S y SO, era un día cualquiera, de no ser porque en vez de quedar para pintar por la noche teníamos pensado hacerlo a pleno día y eso era algo que por propia experiencia sabía que no era una buena idea.

Sin embargo mi negativa quedó neutralizada rápidamente por la aparente seguridad que demostraba SO en salir, unido a mis ganas locas de querer hacer algo, era una de esas tardes mustias de verano en las que la mugre se apodera de ti y desearías salir de tu propio cuerpo.

S vino a buscarme en su coche junto a SO, iban cargados hasta arriba de pintura, casi no podía entrar , tuve que hacer hueco en el asiento trasero para sentarme.

La verdad es que ninguno sabíamos exactamente lo que íbamos a hacer hasta que recorrimos unos cuantos kilómetros en coche, momento en el que SO nos dijo un lugar al que podíamos ir a hacernos unas piezas.

A día de hoy no tengo ni idea de cómo se nos ocurrió irnos tan lejos.

Estábamos acercándonos al lugar, mire a mi alrededor, era una calle recta de doble sentido, pasamos al lado de una comisaría de policía, la observé con indiferencia, y fuimos más adelante para aparcar el coche cerca de la entrada de una urbanización. Estábamos rodeados de pisos con balcones que daban a la calle, empezamos a sacar pintura y más pintura del maletero, recuerdo que pasó alguna persona que se nos quedó mirando,no me hacía ninguna gracia que alguien supiera donde habíamos dejado el coche, pero como siempre pasa cuando vas en grupo te confías.

Cogimos todo el equipamiento y atravesamos la carretera y el campo hasta llegar a las vías del tren.

Queríamos pintarnos unas piezas allí  y cada vez que este pasase agacharnos o escondernos para que el conductor no nos viese y alertase de nuestra presencia.

La idea era muy bonita pero al llegar allí me di cuenta de que no estábamos tan protegidos como parecía, nos podían ver desde los pisos que había a lo lejos y no había muchos elementos que nos ayudarán a escondernos, de he hecho el muro estaba prácticamente encima de las vías y no teníamos mucho margen de maniobra para pintar, un metro escaso.

La negatividad comenzó a rondarme.

SO empezó a rellenarse una pieza de color plateado pisando (tapando el nombre de otro graffitero) aún habiendo espacio de sobra para poner su nombre sólo porque “el lugar era mejor”, mientras yo lo observaba con desaprobación, era algo que siempre me pareció despreciable, pensé:

-Bueno , allá cada cual con sus actos…

En ese momento comencé a preparar la pintura con S, solo teníamos un rodillo para los dos así que nos haríamos 2 piezas utilizando pintura plástica y alternando un rato cada uno hasta acabar.

Estábamos rellenando alegremente nuestras obras, mientras hablábamos de cosas que nos habían pasado esa semana y aunque estábamos concentrados en acabar nuestro cuerpo permanecía relajado.

Justo en ese instante  las vías comenzaron a vibrar, ALGO SE ACERCABA.

Rápidamente mire a lo lejos, un gigante de metal venía a toda velocidad hacia nosotros. Cogí la pintura que había por el suelo y busque el arbusto más cercano para esconderme detrás, cada uno se metió donde pudo y justo cuando estaba a nuestra altura el conductor nos pitó con agresividad , aquello sonaba como el claxon de un tráiler.

Nos había visto antes de que nos percatáramos de su presencia .

Pasó delante de nosotros tambaleando los árboles cercanos como una manada de ñus corriendo por la sabana y se perdió en la lejanía.

Salimos de nuestros escondites y continuamos rellenando nuestras obras con mimo y parsimonia, ya tenía casi rellenada mi pieza a rodillo, así que mientras esperaba mi turno para terminarla fui a buscar una bolsa con sprays que había escondido para hacerme otra pieza en un bordillo de hormigón que había al lado.

SO ya había terminado la suya y deseaba hacerse otra donde teníamos las nuestras, así que vino hacia donde estábamos.

Ahora teníamos un rodillo para 3 personas y tendríamos que esperar el doble para terminar.

Afortunadamente S terminó la suya, y yo terminé la pequeña que me acababa de hacer, la verdad no sé cuánto tiempo estuvimos ahí pero me entran escalofríos solo de pensarlo.

En ese momento SO dijo en voz alta:

+CHAVALES QUE VIENE, QUE VIENE!!

Estaba tan cerca de nosotros que casi no me dio tiempo a reaccionar , atravesé las vías y me quedé al otro lado sin tener donde esconderme, S y SO se quedaron al lado de sus piezas.

En ese instante el tren repleto de pasajeros fue disminuyendo la velocidad poco a poco y cuando estuvo a nuestra altura se quedó parado en mitad de las vías.

 No daba crédito a lo que estaba viendo, todo el mundo de aquel vagón nos estaba viendo incluso puede que nos hicieran fotos a pleno día, yo estaba esperando a que algún policía saltase a las vías para ir a por nosotros pero no sucedió como yo imaginaba.

Tras 30 segundos de incertidumbre máxima el tren comenzó a andar de nuevo y prosiguió su camino. En este momento yo ya estaba el límite, sabía que el peligro era inminente.

Comencé a sudar demasiado y a notar como mi cuerpo se ponía en posición de ataque o huida, la boca se me quedo seca, no podía tragar, la camiseta se me pegaba al cuerpo, aquel lugar apestaba a problemas pero quería terminar mi pieza antes de largarme, nunca dejaba nada a medias.

Mire a mí alrededor paranoico, a los balcones de aquellos pisos, a las vías, pero no había nadie cerca. Rápidamente cogí el rodillo y empecé a trazar mi obra con color negro, se me resbalaba de las manos por los nervios y la pintura chorreaba por mis manos haciéndolas resbalar, estaba catatónico.

Miré a mí derecha y divise a 50 m de distancia dos figuras que reconocí al instante.

La Guardia Civil venía a por nosotros por las vías. Solté en voz no muy alta :

– TÚ, LA POLI LA POLI

Tuve unos segundos más para reaccionar que aproveche para coger la bolsa con pintura y tirarla detrás de un arbusto, momento en el que “el animal” se apodero de mí privándome de mi raciocinio.

Subí corriendo una cuesta de arena , atravesé una carretera rápidamente sin mirar atrás, salté los guardarrailes a la carrera como un auténtico atleta jadeando como una bestia.

Como un rayo me dirigí en dirección contraria a la calle donde habíamos dejado el coche, huyendo de la civilización como un hombre lobo adentrándose en el bosque.

Aquello era un paraje yermo que solo daba a una autopista, sin pensármelo dos veces supe que tenía que atravesarla cómo fuera, eran dos direcciones de 4 carriles cada uno y entre medias una franja de varios metros de campo que las dividía.

Al llegar al quitamiedos del primer carril entré en auténtico pánico, estaba repleta de coches que volvían de trabajar a unos 100 km por hora y sin dejar mucho espacio entre unos y otros, aquello parecía un videojuego macabro en el que jugarse la vida.

Mire atrás y no les vi, sabía que tenía pocos segundos para atravesar antes de que apareciesen.

El animal me susurraba al oído:

-CORRE  INSENSATO, CORRE, ATRAVIESALO, PUEDES HACERLO.

Hice un amago de saltar el quitamiedos pero me quedé encaramado a este a la vista de todos los coches que pasaban bajo aquel sol justiciero, temblaba.

Pasados unos terroríficos segundos hice de tripas corazón, vi un hueco entre varios coches por el que podría pasar, bajé del quitamiedos y corrí como nunca lo había hecho antes saltando el guardarrail del lado opuesto como una gacela.

Lo había logrado, pero todavía me quedaba saltar el segundo.

Estaba temblando de miedo, no era capaz de controlarme, miré a mi alrededor y detrás de mí, estaba apunto de salirme con la mía.

Me estaba viendo todo el mundo, pensarían:

+ ¿Qué cojones  hace ese chaval ahí? ¿Está loco o qué?

Buscaba un hueco por el que pasar pero no lo encontraba, era imposible.

Miré a mi derecha y JODER!!!

Apareció por la autopista una furgoneta de la Guardia Civil que naturalmente me vio pero no pudo parar porque habría generado un accidente, en un acto reflejo me tiré al suelo de bruces y me quedé tumbado semi cubierto por la sombra proyectada del quitamiedos.

Mi cuerpo funcionaba a espasmos, iba a explotar de un momento a otro,pensé que el alto voltaje que soportaba me calcinaría las entrañas.

Volví a ponerme en pie decidido a enfrentar a la muerte una vez más, volví a hacer el amago, mi cuerpo se encasquillaba por el instinto primitivo de supervivencia.

Vi un hueco y RAS, VOLABA POR EL ASFALTO, mi corazón bombeaba con muchos caballos de potencia y mis pies casi no tocaban el suelo de la velocidad.

Llegué al otro lado, había una última valla que sortear para llegar al campo, salte por encima de manera extremadamente torpe al borde del infarto y de pronto RAS.

Una bicicleta se dirigía a mí a toda velocidad, timbrándome y el tipo me gritó algo, el ciclista casi se estampa conmigo en ese mismo instante, había sido tan rápido que no le había visto.

Mi cuerpo no podía soportarlo más, huí por el campo y me topé con las vías del tren de alta velocidad que me limitaban el paso, así que me escondí en un túnel de ventilación, ocultando mi piel del penetrante sol como un conejo en su madriguera.

La boca me sabía a polvo y las manos me temblaban, cogí mi móvil y SO me había llamado, le devolvi la llamada, me dijo que habían cogido a S, que nos estaban esperando con varios furgones de policía al lado de las vías para cogernos y él había conseguido sortearlos callejeando por los bloques ,me dijo de volver con él a casa pero yo estaba demasiado lejos y tendría que pasar por la escena para volver así que le dije que no y apague el móvil.

Me quedaba un 10% de batería, no sabía volver a casa y no tenía dinero.

Me quedé en aquel agujero esperando a que anocheciera para volver oculto en un manto de sombras.

Pase aproximadamente unas 2 horas sin hacer nada ni poder moverme, estiraba mis entumecidas piernas de vez en cuando y asomaba la cabeza.

Se hizo la noche y encendí mi móvil , S me había llamado varias veces pero no le devolví la llamada, no sabía si la policía le estaba obligando a hacerlo. Llamé a mi gran amigo A, por si por algún milagro del cielo pudiese venir a por mí, estaba tirado en la calle.

Afortunadamente A me descolgó el teléfono y a regañadientes vino a buscarme, es algo por lo que le estaré eternamente agradecido, sé que muchos no lo habrían hecho, pero yo sabía que podía confiar en él y el en mí, le di una dirección y volví a apagar el móvil.

Salí de mi cueva y me dispuse a volver a la escena del crimen, afortunadamente la vuelta fue más amena ya que encontré un puente por el que atravesar sin jugarme la vida, y llegué a las vías una vez más.

Estaba toda la pintura desperdigada por el suelo, la ley no se había llevado mucho de lo que allí había, así que cogí una bolsa llena de agujeros y empecé a recopilar toda la pintura que me encontraba, era como entrar a la tarima de un teatro después de que la representación hubiera tenido lugar y recoger el atrezzo, tenía la tranquilidad del jefe de sala que lleva trabajando en el mismo lugar durante 40 años, aquello era la calma después de la tormenta, lo recuerdo como un momento que llenó mis acciones de significado.

Una vez hube terminado me quedé observando las piezas, por todo lo que había pasado me parecían más bellas todavía, ahora tenían una historia que siempre viviria en mí y afortunadamente también en vosotros, qué leéis esta historia.

“El ego es un recipiente de experiencias” pensé.

Cogí mi bolsa cochambrosa y me dirigí a un McDonalds donde había quedado con A

Recuerdo que metí la bolsa dentro de unos arbustos y entré para beber agua, todo el mundo me miraba, puede que nunca hubiesen visto a alguien en ese estado, iba lleno de mierda como si acabara de salir de una alcantarilla.

Hice tiempo hasta que llego A, quién me llamó al móvil, salí con un vasito de agua y saqué la bolsa de los arbustos bajo la incrédula mirada de los que por allí pasaban.

Monté en el coche de A y le conté lo ocurrido, flipaba.

Gracias A que me estás leyendo, me salvaste.

Firmado: D.Largo

ILUSTRACIONES by Javier Quintana @ultrakints.


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