D . L ▲R G O



Me encontraba con S, era una noche más. S trabajaba mucho y sólo disponía de un día libre a la semana para hacer lo que quisiera que casi siempre era pintar, eso lo era todo para él.

Recuerdo que se había comprado un coche de segunda mano para que pudiésemos pintar los fines de semana, y como de costumbre yo iba de copiloto indicándole los lugares en los que teníamos pensado dar rienda suelta a nuestras inquietudes. Aquella noche íbamos a pintar en las carreteras del centro de la ciudad, cayeron varias piezas. Recuerdo especialmente haber pintado con él en un pequeño muro que daba a la carretera, a varios metros del suelo, colgados como saltimbanquis por la parte de fuera del mismo, sujetándolos con una mano para no caer al vacío y pintando con la otra ante la atónita mirada de los conductores que pasaban a toda velocidad por la autopista, pitándonos y dándonos las largas, pocas veces nos exponíamos a tanto al peligro, ya que tanto a S como a mí nos gustaba pintar en la oscuridad, éramos discretos y apasionados, sin embargo siempre acabamos metidos en problemas.

Después de habernos sometido a nosotros mismos a aquella situación tan estimulante nos creíamos dispuestos a todo, vigorizados como Superman fuimos en busca de la guinda del pastel, hacernos una pieza en una de las carreteras más concurridas del país.

Llegamos a una calle recta en cuyo final hacía un pequeño giro o quiebre, donde se situaba la carretera, dejamos el coche al principio de la calle para seguir andando con la pintura hasta llegar al final, el maletero de aquel coche era pequeñito y al abrirlo se nos cayeron las latas al suelo haciendo un ruido desagradable, miramos a los lados, lo cogimos y nos dirigimos recto en dirección a nuestro objetivo.

Estábamos muy nerviosos, no solíamos exponernos a aquella tensión pero de vez en cuando sí que nos gustaba meternos caña y creernos capaces de todo. Según íbamos caminando empecé a fijarme en los portales de aquellos edificios, todos ellos estaban iluminados y no solo eso, sino que además los porteros que lo custodiaban no eran otra cosa que vigilantes de seguridad, por lo visto aquel lugar no eran urbanizaciones eran edificios empresariales, bien vigilados, llenos de cámaras y de seguridad. En aquel momento me di cuenta de que estar allí no era una buena idea, nos estábamos metiendo sin saberlo en la boca del lobo, S y yo nos miramos, ambos nos repetimos la misma idea mentalmente, sin embargo al fijarnos que el otro seguía caminando nos convencimos de que estando allí pintaríamos de todos modos. Llegamos al final de la calle, miramos a los lados, nadie observaba.

La luz de las farolas era muy intensa y cálida, aquel lugar no dormía, saltamos la valla rápidamente para no ser vistos y bajamos la cuesta de hierbajos que la separaba de la carretera.

Empezaron a pasar coches, siempre cuando llegaba a una carretera me fijaba en la cadencia, cada cuánto tiempo pasaban, y solía medir el peligro de pintar en ese lugar en función de los números, todo estaba en mi cabeza archivado y clasificado, y desde luego al pisar el arcén los números saltaron y las alarmas se dispararon en mi mente, comencé a sudar.

Entre la pared y la autopista había un metro de hormigón, y un quitamiedos que nos separaba de la carretera de menos de un metro de altura. Fuimos corriendo agachados con las bolsas en dirección a la mitad del muro, una vez allí encontré una farola detrás de la cual ocultarme, nos acurrucamos en el suelo y preparamos la pintura. Me estaba exponiendo mucho, “solo se vive una vez” pensé. Nos pusimos uno a 5 m del otro y empezamos a rellenar dos piezas gigantes de unos 3 metros de largo.

La pintura salía de mis manos como relámpagos, chispeante, pintábamos tan cerca del muro que podía notar como las micro gotitas de pintura impactaban en mi cara al rellenar, y en un instante ese olor tan especial se apoderó de nosotros una vez más y nos envolvió en su seno. Ya no escuchaba el sonido de los coches pasando a escasos metros de mi delgada e intrépida figura, estaba enamorado de esa sensación, la pintura y yo éramos uno.

Algo en mí se activó y me sacó de una patada de ese meloso letargo, mi sexto sentido se acababa de activar, estaba inquieto no sé muy bien por qué, miré a mi alrededor y me escondí detrás de la farola.

Vi en la lejanía un coche de policía acercarse con las luces apagadas, cogí la pintura y empecé a dirigirme hacia el lugar por donde había entrado, corriendo agachado modo comando semicubierto por el quitamiedos pero obviamente visible, el coche de policía pasó de largo y solté un suspiro diafragmático, alcé la vista en la lejanía como un animal asustado  y observé que se acercaban otros dos, esta vez con las luces encendidas.

Mire a S y me despedí de él con un gesto, en ese momento mi cuerpo dejó de pertenecerme y me entregué al animal que vive en mí, en un abrir y cerrar de ojos la policía entró en escena y ya era demasiado tarde para que S pudiera escapar.

¡¡Comencé a correr a toda velocidad por el arcén!!

Tiré la pintura para aligerar peso y me puse en modo Usain Bolt, mi pulso se puso a 200 más rápido que un Bugatti Veyron, toda mi energía se concentró en las piernas, fuertes y potentes, llenas de cicatrices ocultas por el bello.

Corría sin mirar atrás hasta llegar a la cuesta de hierbajos y de pronto escuché un sonido SÚPER fuerte, miré por encima de mi hombro asustado, eran los frenos de un coche derrapando detrás de mí, un coche negro de policía secreta.

Saltaron tres tíos de la parte trasera del coche todavía en marcha con la mano en el cinturón y gritando:

-¡¡¡¡ALTO POLICÍA, AL SUELO, AL SUELO!!!! Estaban a 2 metros de distancia, quise evadirlos saltando la valla y en un amago de hacerlo quedé enganchado en la parte superior porque estaba torcida hacia mí, mi cuerpo se quedó rígido un instante por la indefensión que experimentaba ¡pensé que me cogerían de una pierna y me tirarían al suelo para patearme y esposarme!

Desbloquee mi cuerpo y me arrojé al otro lado de la valla no se ni cómo, comencé a correr como alma que lleva el diablo forzando mi cuerpo al límite, me había dado un golpe muy fuerte en la pierna y notaba el corazón latiendo en mi garganta  exigiéndome como un ente externo a mí que me detuviese, pero no le hice caso, “antes muerto que entregarme”  dijo mi voz interna en tono grave y autoritario, no me consentía agachar la cabeza delante de nada ni nadie.   

Llegué a toda velocidad al quiebre de la calle y justo a mi derecha vi la entrada a un garaje oscuro al que entré sin pensármelo dos veces , llegue al final y allí no había escapatoria, es el fin pensé,” me van a matar como me agarren”. No sabía qué hacer, miré a la claridad de la calle, iluminada por lo rayos tenues de la luna y de pronto pasaron dos hombres corriendo, gritando improperios, eran dos de los policías que me perseguían pasando de largo, persiguiendo a mi yo hipotético y futuramente esposado.

 No podía creer lo que estaba viendo, me había convertido en un ninja urbano, mi evasión había sido de una calidad superdotada, sin embargo temía que alguien saliese por aquel garaje y me descubriese, me encontraba rodeado de cámaras de policía y de seguridad.

Miré a mi alrededor y de pronto encontré un puerta de incendios, la zarandee con una fuerza desmedida, pero estaba cerrada, por lo que me quedé escondido en el pequeño agujero de la puerta mientras pensaba en lo que me pasaría si me encontraban. A la policía no le gusta que la hagan correr.

Chorreando de sudor y con un sabor agrio a sangre en la garganta, cogí mi móvil y lo desmonte, saqué la tarjeta de memoria y la deslicé por debajo de la puerta para que si me cogían no descubriesen quién era, “ya soy un perro viejo” pensé para mis adentros.

Pasaba el tiempo e intenté quedarme dormido, no quería salir hasta el amanecer, pero pasada una hora no pude resistirme más, tenía que hacer algo.

 Cogí mi tarjeta y me acerqué a la salida del garaje, miré a los lados como una alimaña, allí no había nadie, y ¡una vez más comencé a correr!.

Corría con una felicidad ingenua, repitiéndome a mí mismo, “no cantes victoria tan pronto”.

No sabía dónde estaba pero tenía que salir de allí. Me metí por el campo detrás de un concesionario, atravesando por la maleza, atravesé la carretera corriendo por un puente y llegué a un barrio, observé mis piernas, me había dado un corte y tenía la zapatilla llena de sangre, olía a sudor fuerte, salvaje y visceral. No paraba de pensar en S, temía que algo malo le hubiese sucedido.

Volví a encender mi móvil y me había llamado, le devolví la llamada temeroso y me dijo que le habían dejado irse no sin antes darle un susto de muerte, me dijo que le cogieron y le agarraron por la capucha tan fuerte que se la arrancaron, pensaban que estábamos robando en el polígono, esos tipos iban dispuesto a todo.

Pasado un rato me crucé con unos barrenderos, que como ya venía a ser costumbre eran las únicas personas que me podían ayudar en aquellas circunstancias, les pregunté por una dirección e incrédulos de mi estado me indicaron.

¡S y yo dimos mucha mucha guerra, no parábamos quietos!

Suscríbete

¡No te pierdas ni una sola noticia de URBAN STREETLIFE!

account_circle
mail

Recomendado

Desde los últimos cinco años, Stanislaw Wilczynski (también conocido como digimatism) se ha dedicado al tatuaje y su estilo está dejando al mundo maravillado. Trata de producir composiciones geométricas de aspecto limpio inspiradas en “expresionismo abstracto, minimalismo, suprematismo, arquitectura constructiva y música techno”. A menudo formas y líneas geométricas son los más difíciles de tatuar, […]

ARCO 2018
25 noviembre 2018

La semana del 27 de Febrero hasta el 3 de Marzo, tuvimos la oportunidad de disfrutar de una de las mejores y más grandes ferias de arte en todo el mundo. Hablamos de Arco, la feria internacional del arte contemporáneo en Madrid, que nos tuvo babeando con algunos de los mejores artistas de la escena […]

Comentarios

Destacado
Urvanity 2019
2 abril 2019
Suscríbete

¡No te pierdas ni una sola noticia de URBAN STREETLIFE!